Enseñanzas

De ti aprendí los nombres
de los héroes del despojo,
las fechas de matanzas
y de gestas genocidas,
el rosario de mentiras,
la mala educación.
Al carro de tu estiércol
ataste una bandera azul y blanca.
En tus faustos oficiales
dejaste oir el himno
ahogado por las riadas de la sangre derramada.
Hablaste de derechos y de humanos
con tus garras en las vísceras calientes
de un pueblo sin nombre ni justicia.
De ti sufrí el insulto,
la tortura, el exilio, las ausencias.
Tal vez sea por eso
que en mis noches desveladas
es mi voz la que te nombra:
“patria”.

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Donde dobla el viento

Hace unos meses, en una reunión de Teatro por la Identidad, Lidia, Lucila y yo estábamos enfrascados en alguno de los temas que habitualmente nos preocupan. En un momento dado, no recuerdo por qué, Lucila dijo “Sí, allá donde dobla el viento”.

Pese a mi muy larga colección de años acumulados nunca había oído la expresión (la ignorancia es atemporal). Me gustó mucho y me pareció muy poética. De ella nació esta obra:

Donde dobla el viento

A Ire

Allá donde dobla el viento
y el granado seca su fruto partido,
la vid se vuelve pasa,
la hiedra trepa por las piedras del muro roto,
y yo camino hacia un ayer
que me invento en cada paso
por veredas de nostalgias que no han sido.

Allá donde dobla el viento
algo alcanza a repetirse,
algo muere en la aurora,
algo estremece el dolor del caminante.

Allá donde el viento dobla
estás vos,
tu pausa
y tu amor tendido en una hierba
que endulza al sol sus esperanzas.