Jornada

El sabor del cristal roto.
Nubes. La luz de una estrella
o un faro en el mar. Noche.
Amanece un frío rojo
y el resplandor hiere el aire.
Luego la mansa siesta.
Un tren pita a nadie.
Un murmullo en la mezquita.
Olor a alcohol,
olor a flor de naranjo.
La bicicleta herida tiembla en la tarde
cuando el gato se hace sombra y cruza.
El sol nocturno cambia de sitio
y todo vuelve a circular distinto,
distante como el ozono que engendró la lluvia.
El pábilo quemó la ingenuidad.
Oigo un ruido a dolor sordo.
La montaña se fuga en las tinieblas
tras el amor de la amante oscura.
Entro al túnel ahondado en la leyenda
e invento la luz de la otra orilla.

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