Como siempre

El círculo no acaba de cerrarse
y miramos el desconcierto que irrumpe
desde las sombras que ocultan el camino.
Una inclemencia helada cae en el hueco oscuro.
El sereno ya no enciende los faroles.
Esa noche nos niega
la calma de la voz amiga.
Caminamos sobre gélidas baldosas
y todo se mueve entre lo gris y la ausencia.
No hay cobijo que aquiete el temblor.
Es la hora del invierno.

Y sin embargo amanece.

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Placeres

Tus pechos se derraman
en vorágines de besos.
Son una memoria adolescente,
un torero en la plaza,
el fulgor.
En el postrer adagio de la locura
tus caderas acarician lugares imposibles.

Y luego,
en la sombra del instante
es tu boca la que habla
de pájaros sin jaula,
de flores volando entre lagunas,
de barcos que nos llevan por mares sin finales.

Adioses de cobre

Por esos juegos del azar volvía de una exposición de Barceló cuando Pablo me llamó para decirme que Ruth había muerto. Ella estuvo siempre en mi vida como estuvieron todas esas hermosas personas que mis padres conocían. Nos han dejado un recuerdo difícil de explicar. Espero que la poesía ayude a hacerlo.

Adioses de cobre

A Ruth Varsavsky, amiga

Ya no hay nada.
Las puertas se abren
a cuartos vacíos,
a pasillos que cegaron sus ventanas,
a talleres con lunas menguantes,
gallos que no ven,
espejos opacos,
brujitas muertas.
Ya no hay nada.
Sólo libros que cuentan historias
que no están en los libros.
Cuadros que pintan retratos
de modelos ausentes.
Pasos que resuenan
en estúpidos silencios
dibujados por alcoholes de una tarde.

Ya no hay nadie.
Sólo queda un adiós
en la marchita plancha de cobre.

La frontera

La hicieron una noche
de vaga paz.
Siempre se hacen así:
de espaldas a los sueños,
de cara a las mentiras.
El río quedó del otro lado.
También la acacia, la novia,
un profe, el compinche,
la escuela y la tahona.

Así hicieron ellos la frontera
y así nosotros
lloramos las ausencias
y miramos con tristeza
la herida del alambre
entre postes de cemento.

El calaix

Uno se cree que los mató el tiempo y la ausencia
J.M.Serrat

En un calaix
de la meva còmoda indulgent
guardo històries i records.
Amagats en el silenci
conviuen passaports trencats,
un rellotge sense hores,
cinc brins de tabac,
el menú del vaixell d’un exili,
una foto caducada,
el carnet d’identitat d’un país que no habito,
la clau d’un somni
i un poema
que va escriure algú
que ja no sé qui és.
Són borrissols del temps
que no desitgen morir.

El cajón

Uno se cree que los mató el tiempo y la ausencia
J.M.Serrat

En un cajón
de mi paciente cómoda
guardo historias y recuerdos.
Recostados en el fondo
conviven pasaportes rotos,
un reloj sin horas,
cinco hebras de tabaco,
el menú del barco de un exilio,
una foto caducada,
el carné de identidad de un país que ya no habito,
la llave de un sueño
y un poema
que no sé quién escribió.
Son las pelusas del tiempo
no dispuestas a morir.

El cajón

Uno se cree que los mató el tiempo y la ausencia

J.M.Serrat

En un cajón

de mi paciente cómoda

guardo historias y recuerdos.

Recostados en el fondo

conviven pasaportes rotos,

un reloj sin horas,

cinco hebras de tabaco,

el menú del barco de un exilio,

una foto caducada,

el carné de identidad de un país que ya no habito,

la llave de un sueño

y un poema

que no sé quién escribió.

Son las pelusas del tiempo

no dispuestas a morir.