Sentada en el bar

Tus piernas cruzadas
insinúan aldeas profundas,
anhelos de placeres futuros
sólo pensados.
Sería divertido darte este papel.
Contemplar el gesto de tu boca
atractiva, no muy linda;
ver qué hacés con tus manos,
finas, hermosas.
¿Te arreglarás el pelo? largo,
lastimosamente coloreado.
¿Moverás tus piernas?
estilizadas, perfectas,
que se agotan en dos pies
con dedos regordetes,
decididamente feos.

Tal vez entonces
dejen de insinuarse
las profundas aldeas,
los placeres sean presentes
y volvamos a empezar.

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Espera

Qué triste la espera,
qué odiosa,
qué brava la espera
cuando la muerte vigila si doblamos la esquina.

Qué amarga la espera,
cuánto dolor en el cuerpo,
cuánto espejo roto en el pozo.

Cuánta soledad desamparada,
cuánto balbuceo,
cuánta palabra que pronuncio
en la ebriedad de mi espera.

Qué horrible la espera,
cómo se arrebuja
en los brazos del recuerdo.

Qué seca la espera,
cómo se solaza en su aridez,
cómo aguanta la mirada mustia.

Cómo viene arrinconando gritos,
cómo huye del amor doliente,
cómo ríe de su propia espera.