Desnuda

Sola, apenas quieta,
la envuelve un suave olor
a violetas, a cortezas,
a hojas que han caído.
Sola, apenas quieta,
la fiebre roza su incipiente desnudez.

Los claros ojos
miran su belleza y la comparten.
Su mano busca
dar gozo al deseo que despierta
y descubre lentamente
los huecos del placer.

Sola, apenas quieta,
la virgen espera
el momento del saber.

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No tu palabra

Tu palabra no,
son tus besos los que a veces me perdonan.
El dolor de haber perdido
se apagó por un momento entre tus brazos
y fueron esa vez
tus pechos el puerto de mi viaje.
Y quise en tus caderas
ser la magia amanecida en aquel barrio.
Todo en vano:
en mi barca hay más bondad
pero menos valentía
y tus besos ya no saben a malvones.

Tu palabra no,
son tus ojos los que a veces me perdonan.