Es posible

El ojo del hambre mira
por la ventana rota.
El zapato
dejó de estar en el niño
y sus pies vagan
por la comida muerta.
El viejo busca
entre restos
los años que le quitan cada día.

En las calles
miles de rostros esperan la limosna
hasta que una boca grita
y las miradas se encaminan a otras luces.
Y el grito se repite
y silencia a la sirena
que anunciaba la llegada
del orden y el respeto.

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La mirada exacta

La inquietud la sonroja
con mezcla de delito y desconcierto.
El temor por el devenir ignoto
puede más que la costumbre.
Siempre el mismo gesto
anuncia el imprevisible final.
A veces el peso la aplasta
y el aliento
apesta a sombras inquietantes.
A veces es ligero,
hermoso,
sin un dejo de tormenta
sino el cálido paseo
por aromas ignorados y excitantes.

Sentada, la silla mira
la llegada de la próxima visita.

Ejercicio deseado

Amarte entre colibríes quietos,
hablar de tí en las nubes de uva,
decirte versos de poetas que se mataron
entre dunas que migran ciegas,
vaciar de besos tus cerezas dormidas,
acudir cada siesta a la cita de tus ojos,
oler los azahares en tu pelo,
acunar el grito que nace en el suspiro.