La película

Los fotogramas corren por el lienzo
entre los pensamientos del viajero.
Reúnen chicas que corren,
amapolas, torres de luz
y la silla que extraña
al anciano mirando a la distancia.
En su transparencia,
la ventanilla del tren
guarda las imágenes
que el ojo olvida.

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¿Entonces por qué?

No es por aquel sueño
de dar la vuelta la mundo
en un buque mercante holandés.
Tampoco por la noche interminable
en la que tus pies descalzos
inventaron el amor
bailando en la mesa de la fonda.
No es por tu risa,
desnuda en la playa
ni por el primer beso
entre prisas y eucaliptos.
Ni por la carta que escribiste
en quién sabe qué café.
No es por tu lágrima
cada vez que escuchabas
la canción del soldado en la frontera.
Ni por la despedida
que nubló para siempre tu mirada.

Es por ese pequeño temblor
que dibujaba en tu boca la sonrisa.
Por eso es difícil olvidarte.