Sonata

Suena el miedo
en la bondad de la nota
y entre las olas de un mar roto
ahoga escaleras, alacranes
y el dolor
que deja su huella en las maderas.
Quiero enfrentarme a la desidia del charco
pero la fiebre arrincona el movimiento.
Con las luces del circo
llega el espanto
y un tormento anclado en las cuerdas.
La angustia camina
sobre la marca que dejó en la piedra
y sabe que la noche
no alcanza para el silencio.
Sólo hay esbozos de una victoria.

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Tu nombre

Como un navegante que sabe del naufragio
el tiempo lleva tu nombre.
Presa en los desvanes del silencio
lleva tu nombre la palabra.
Y lo llevan los pasos
que no puse en la balanza
cuando creí morir.
Y también el aire
que me asfixia y me da vida.
Lo encuentro en mis cajones,
en los papeles sin cuaderno,
en las fotos,
en mi empecinada tristeza
que cada día te trae
encerrada en otro invierno.
Lleva tu nombre
el quebranto de saber
que nunca leerás
el verso que escribí
aquella primavera.
Y en cada rincón
de las horas que me acosan
me espera la inclemencia de saber
que sólo tú, madre,
no llevas más tu nombre.