Cadena

El temor de que la gota vuelva
a horadarle los sesos
inquieta sus pasos
cuando entra a la cocina.
Pero el grifo ha enmudecido.
El aroma del café
no rompe el frío hedor
de los movimientos que se repiten.
La calle espera
con una paz falsa
en la que ya nadie cree.
Al salir ladrarán los perros
y no sabrá por qué.
Abre la puerta y piensa
que si roba una flor
del rosal de su vecina
una espina se clavará en su dedo
y ese será
el dulce e injusto castigo
en una mañana que se atardece.
Entonces mira su bata
y comprende que hoy
no es buen día para salir.
Mejor será volver a la cocina
a ver pasar la quietud
mientras toma su medicación.

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El orden del viajero

El tren curva un acero
que arropa peldaños de sueño.
El viajero dijo saber
el orden de las ideas
y el arco iris de la brisa
aunque las bocas hablen
en la voz de otros.
Ahora el cristal es negro
y el ruido trocea las palabras.
Vendrá la luz inquieta
cuando el árbol sea un vértigo
y el ojo baile
la danza de los duendes.

Arena sin mar

La sal acercó el estoque al letargo.
Mi llaga labrada esa noche
anidó en los robles del barco.
Caminé por arenas sin mar
que dejaron sangre
en cada latido de mis dedos.
Hundí mis pies en barros
de besos sin amantes.
Contemplé el gesto voraz,
la certeza del que ignora
y la imbecilidad orgullosa del ministro.
Si nunca supliqué
no fue por valentía:
siempre supe que sería en vano.

Coincidencia

Fueron todos mis amigos. Pero había mucha más gente porque la funeraria se equivocó y en el tablero figuraban mi velatorio y el de un importante funcionario del gobierno en la misma sala. Lamenté mucho no poder verles la cara a las relaciones del importante funcionario cuando en la sala comenzaron a sonar los acordes de “La Internacional”.

Imposible escribir un poema surrealista

Intento escribir
un poema surrealista
pero las lagartijas
ya no dictan palabras
en los bosques redondos.
La habitación del armonio
esconde los maullidos
del sueño violeta.
El tren se detuvo
en la anteúltima estación
donde la cortina baila
un viento de almendros.
Incontables motivos
me impiden escribir
el poema surrealista.

La vecina coja

Saludo a la anciana vecina coja.
Sé que siempre será bella.
El mango del bastón
se encoge a cada paso.
Intuimos el dolor.
La única hoja que queda del otoño
baila en la calle
la danza de las mujeres solas.
Un cielo sin nubes
remeda su tristeza.
Los días han dejado de brillar.