La palabra

Un rastro de letras tapiza la huida
y el poeta se empeña
con la pasión del inocente.
Desde el abismo del frío
vuelve a intentar el viaje
con su voz y su pasado
y ese amor que rozó lo posible
y esa violencia muerta.
Pero siempre algo se pierde
en los recodos de la fuga.
Un acento, un punto
o esa melodía que lloró la tarde.
Y entonces la palabra languidece
en el deseo de evocar
el primer vuelo del ave que sangra.

Feliz navidad

Cuando enviéis los deseos
de paz y prosperidad
que corresponden a estas fechas,
cuando pidáis mesa para la cena del trabajo
que os reunirá en sana armonía,
cuando llaméis a los que nunca llamasteis durante el año
para decirles que siempre os acordáis de ellos
y más aún en estos días
que nos inundan de amor,
cuando devolváis el beso
que os lanza el bueno de Papá Noel
en el centro comercial cercano
animado por el sinfín de villancicos,
cuando hagáis el pesebre con vuestros hijos
y les expliquéis quién era el niño Jesús
y José y María
y cómo estaban ungidos por la bondad divina,
cuando el veinticuatro a la noche
esperéis a las 12 para brindar por el nacimiento
y las burbujas de cava
ayuden a bajar la suculenta cena
colmada de buenos augurios
ojalá que una pequeña sombra,
aunque más no sea una pequeña sombra
oscurezca vuestra sonrisa hipócrita
mientras Alepo se desangra.

La chelista

Hubiera sido el sonido inacabado,
la nota oculta
que no podemos dejar de oír,
la lágrima del acorde,
la pasión de Bach,
el gesto de amor que dibuja
la caricia del arco,
la angustia en el silencio.
El viejo chelo que aguarda en la vidriera
la mira y sueña
que la ve retroceder
por el camino de los años.

La frase

 

Meses antes, tal vez años
algo se dice en el bar,
en la cama DSCN2798b
o en la pared.
Una sonrisa pinta la frase
que se hamaca
como un pétalo en la brisa,
un pétalo amarillo
ya agrio cuando ha caído
meses después, tal vez años.
Para entonces la puerta está cerrada
y hasta la soledad es falsa.
Las palabras que sonaron bellas
caminan ahora cubiertas de sangre.

La verdad en la palabra

A mi amigo Fernando Griffell
que nos dejó solos en este escenario vacío.

 

Se piensa origen de la lágrima que quema,
dueña de la tragedia,
colapso de lo que se amó
pero cada vez que se repite
alberga en su oquedad
el significado falso.
Será certeza
cuando su inclemencia espante,
cuando la tristeza se cobije tenaz
tras un recuerdo
o en la frase que aquél dijo al pasar
o en la estela de la hermosa mujer
que nunca vio la desventura de los cuerpos
o en el leve movimiento de una mano.

Sólo entonces
la palabra que dibuje
el adiós para el amigo muerto
será certeza.