Todavía las cunetas

Poblados de muerte
caminan sobre la piel de las cunetas
pisoteando memorias
con los pies que olvidaron el camino.
El fusilado mira
desde el vestigio de una fosa
que grita el dolor de la ignorancia.
La cobardía construye
el pretexto del destino
pero es el hombre
el que labra la historia
y luego la despoja de su voz.

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El ancla

Una tarde
mientras sus pasos
se duelen en la búsqueda
y la soledad parece
ser la reina en el abismo,
reconoce una cara
recortada en el bullicio del bar.
El pequeño gesto
que no llega a la sonrisa
es un ancla insospechada,
volver a una huella que ha pisado,
el sello de un destino en otra tierra
que así, sin darse cuenta,
va aprendiendo a amar.