Sentencia suprema

La caspa motea la toga
y el olor rancio se pega a las carnes.
La fetidez del aliento
dicta sentencia
sobre una báscula trucada.
El martillo revienta un grano
y el pus invade la sala.
Todo sigue en orden.

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Enseñanzas

De ti aprendí los nombres
de los héroes del despojo,
las fechas de matanzas
y de gestas genocidas,
el rosario de mentiras,
la mala educación.
Al carro de tu estiércol
ataste una bandera azul y blanca.
En tus faustos oficiales
dejaste oir el himno
ahogado por las riadas de la sangre derramada.
Hablaste de derechos y de humanos
con tus garras en las vísceras calientes
de un pueblo sin nombre ni justicia.
De ti sufrí el insulto,
la tortura, el exilio, las ausencias.
Tal vez sea por eso
que en mis noches desveladas
es mi voz la que te nombra:
“patria”.