Con un fervor de poetas

Con un fervor de poetas
dice que construye la pared
con ladrillos que son huellas
de un pasado que no cree recordar.

Con una ansiedad de adolescentes
recorre olores y tactos
y no cierra
la puerta de una dicha
que a veces entra ciega
y otras sale sin mirar.

Con un temor de ancianos
camina ideas en el lodo.
El fervor fatiga la espera,
el marco muere tras el ladrillo
y la huella sólo se deja pensar.

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La soledad de la barca

La espera teje las artes
con la herrumbre de las horas.
Mansamente baja el agua
mientras el cauce relata
el viaje del sol.
Presa de la madera
la barca mira el paso del río
que guarda el camino
hacia la noche.
El pescador perdido
en la distancia del árbol
no volverá para hundir el remo
en el espejo que avanza.

Espera

Qué triste la espera,
qué odiosa,
qué brava la espera
cuando la muerte vigila si doblamos la esquina.

Qué amarga la espera,
cuánto dolor en el cuerpo,
cuánto espejo roto en el pozo.

Cuánta soledad desamparada,
cuánto balbuceo,
cuánta palabra que pronuncio
en la ebriedad de mi espera.

Qué horrible la espera,
cómo se arrebuja
en los brazos del recuerdo.

Qué seca la espera,
cómo se solaza en su aridez,
cómo aguanta la mirada mustia.

Cómo viene arrinconando gritos,
cómo huye del amor doliente,
cómo ríe de su propia espera.