Deseos

Hubiera querido morir
en cada fado que su voz acariciaba,
pintar las huellas del ciervo
en la hoja del abedul,
vivir siempre mirando al mar
desde la barca del marinero ciego,
hacer sobre el agua el sendero
por donde se llega al margen,
oír en el chelo
la mirada de Bach.
Hubiera querido
elegir el lugar
y el momento de su muerte
pero apenas alcanzó a ver la llegada
del silencio que habita la sombra.

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La hoja y el fado

Suena un fado
y la hoja cae del viejo roble.
Ya hay otoño
en el color ocre
del melancólico hechizo.
Cuando la hoja roce el suelo
la nota, todavía pendiente,
esperará la callada lágrima
que dé voz a la tristeza del roble desnudo.