Instantes

Lejos la voz se apaga
y alguien pisa el camino de la flor.
El grito abreva en la distancia
mientras el silencio vuelve.
Los pasos en la arena
aceleran el reloj
del hombre que cuelga su mirada
en el trapo del mástil putrefacto.
Cuando el lago caiga en la llovizna
el pez boqueará
contra la puerta sin marco.

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Pesadilla

La bestia empuña la sombra solitaria,
huele la muerte del deseo
y deshace el largo camino de la babosa.
La voz espera el llanto del réquiem final.
La arruga clavada en el tiempo de la herida
rezuma el ácido cigarro,
la canción ingrata y el olvido.
Los pájaros bailan
sobre el cadáver tendido
en la escena infinita del desierto.
La música suena en el espanto
de las vírgenes que miran
el placer lejano.
De cada flor surge la náusea.
Arlequines, bufones, malignos
y soñadores de alboradas grises,
todos beben lo prohibido
entre el vómito y la risa.

Y la mañana no llega a romper
la ardiente tiniebla del soldado muerto.

La flor del lirio

a mis amigos de Junts

Llevaban una flor
de lirio dibujada en sus cuadernos.
Jugaron en la paz de la ladera,
a la sombra del olivo,
con el carro,
el muñeco roto,
los teléfonos de latas.
La infancia fue grabando
el sabor de los higos y las tunas,
el olor de los azhares,
la caricia de las mentas
en las tardes de verano.

Sin darse cuenta de los días
la vida creció,
se hizo amor en los silencios
y siguieron jugando a ser ingenuos
sin pensar en la pasión de la demora.
Y siempre el lirio en flor.

Ahora
los separan
la bala y el espino
y una línea que hiere los parajes.
Ahora
el dolor lacera los recuerdos,
y piensan en destierros,
en la paz de la ladera,
en los higos, en las mentas
y en el lirio
que se seca en los cuadernos.
https://gabrielalejo.files.wordpress.com/2010/05/florlirio.mp3