Aquelarre

El ojo muerto
busca su cadáver
en las calzadas del aquelarre.
Sobre el tejado
el desorden de las luces
espera la sortija del muñón.
Las piernas marchitas en las criptas
no sueñan con las sillas
abrazadas a la soledad del hueco.
Aun así el baile está por comenzar
y las vírgenes exhiben su ignorancia
al final de una historia que no llega.
No hay más lugar para muertos
en la fiesta que consume sus entrañas.

Todavía las cunetas

Poblados de muerte
caminan sobre la piel de las cunetas
pisoteando memorias
con los pies que olvidaron el camino.
El fusilado mira
desde el vestigio de una fosa
que grita el dolor de la ignorancia.
La cobardía construye
el pretexto del destino
pero es el hombre
el que labra la historia
y luego la despoja de su voz.

Las muertes ignoradas

The dead man lies in the street.
Ch. Reznikoff

Ella ignora que él murió hace un rato
cerca de donde prepara la comida.
Se esmera en rebozar los filetes.
La ensalada ya está lista.
Su cara tiene algo de placer cotidiano
concentrado en el domingo.
Él lleva en su rostro
una puerta abierta
por donde huyen los pájaros.
Y también ignora que murió hace un rato.