Escribir

Escribir
escribir sin parar
sin pensar de corrido sin puntos ni comas
con la urgencia de la boca en el mar
la rabia del currante
la pasión de los que esperan el primer amanecer
Escribir al muerto que nos habla
desde la memoria y desde el olvido
escribirle al que no dejamos de obligar a renacer
al que rompió la paz que nos cansaba
al que está en nuestra piel
al que nunca se marcha
Escribir por amor
por dolor y por odio
Escribir para vos
pará tú para él
escribir para nadie y morir en la letra
Escribirle a la mancha pequeña
que tiene por cielo
el peso del agua
que albergó la plaza
y el aula
que rompió la risa
y la regaló sin miedo
Escribirle al árbol al fruto
a la hoja y la gota
a la tierra
a la sal a la herida
Escribirle a la que hundió
el grito en la sangre del no
a la del terror de la llave
a la que parió el dolor
cuando nació mujer
Escribir puertas
besos prohibidos armarios
y desprohibir todo escribiendo
Escribir sin parar ni pensar
así
de corrido
sin puntos ni comas

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Desembarco

Buscar la farola
fue el gesto que consumía el tiempo.
La noche en la ciudad extraña
hablaba un idioma sin recuerdos.
Sin embargo
hubo el empedrado
que rompía las ruedas de los carros
y el puerto abrió su olor
al tugurio donde ahora
acude el desmayo del borracho.
Nunca volví a ver
al marinero ciego
que dijo adiós a la última gaviota.
Hoy toca ir hacia otro sur
y aprender el sabor de la distancia.
Rozar el cabo que se afirma en tierra.
Dibujar el verbo.
Aferrar la multitud de memorias
que agonizan tras el abandono.

Tu soledad

A mamá

El temor de extrañar por rutina
me asalta en los rincones
de los recuerdos que navegan.
Bajo la lluvia porteña
tu ausencia es un gigante
que devora costaneras.
No sé para qué visito
los lugares de tu historia
si yacen inundados de silencio.
Comparezco ante jueces que murieron
después de olvidar las leyes
mientras vos las exhumabas
cuando la demencia mordía tus vigilias.
Demasiada soledad
para tu melancolía.

Presencias

Cada tanto las presencias
despiertan de letargos mentirosos.
Al llegar a una esquina
el andar indolente
queda suspendido en un gesto de alerta.

Un olor a pintura
reconstruye la imagen de la casa nueva
con paredes blancas,
libros, fotos, afiches,
una red de pescadores teñida con té
y la ternura que siempre perdía
jugando a la escondida.

Súbitamente
todo se oscurece.
Ellos entran con el colmillo de la muerte.
Las paredes se visten
con el tufo del espanto.
El refugio muere
y la casa queda hueca de nosotros.

¿Quién pisa ahora
las huellas de ese amor
que palpitaba en los rincones?

Coronación

La brisa mueve
los envoltorios y los peinados.
Agita también los banderines grises
pues la ocasión no permite los colores.
Los lujosos coches pasean lentamente
su selecta carga impuesta.
Hay palabras que un poeta nunca escribe.
Se escuchan con devoción.
Son suaves, estudiadas,
a veces esdrújulas.
Y tras cada frase
un crítico avezado
interpreta las nadas
y las llena con vacíos.
Ya que estamos
bien como estamos
la voz nos promete seguir eternamente.