La llanura y la montaña

En la profundidad del pasado
la llanura cultiva la espera.
Desde la montaña
el desterrado disfruta
de la ciudad que besa
a un mar pequeño
salido de los mapas de la escuela.
Solo allí
el horizonte es un tal vez lejano.

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La palabra estéril

Nada fue escrito en la tormenta.
Imposible decir el rayo,
el color del árbol que se agita,
el brillo de una gota en el alambre
y ese silencio antes del trueno.
Nada fue dicho
del fugaz murciélago
ni del prado que dibuja un laberinto
ni del día que se aferra a la montaña.

De la mano de la noche vendrá la paz
y entonces volverá a ser útil
el dibujo de las letras.