Oboe

La nota en la lágrima.
El tren se aleja
y hay un aire frío de otoño.
Dice el oboe
la tristeza que abrasa.
Y nosotros desnudos,
quietos,
desahuciados.
Ya no hay tren,
el aire insiste
y la nota aún es un recuerdo que perdura.
Todavía la oiremos cuando vuelva
esa primavera que quisimos
y alguien nos diga
que el tren ha regresado.

Anuncios

Libertad

Decir muro y caer
la espera del viejo,
eslabón tras eslabón,
en la orfandad del otoño.

Decir tiempo y nacer
la víscera al abrigo
del nido. Y el pan
cuando sangra en el hueco.

Decir aire y volar
la pluma entre la herrumbre
y la reja que el canto
del jilguero mata.

Decir grito y dejar
la herida abierta
al verso oculto
en la boca de hambre.

Campesino

El hombre empuña
un manojo de verbos vírgenes
cuando el campo llama
a la reja y el dental.
Mira con ojos de otoño
la gleba que perdura
desafiando a la gota.
Recuerda el refugio del árbol
y la muerte del potro
bajo el fulgor que acabó con la noche.
Anhela la palabra que diga
ese dolor en la imagen
de una mujer que lo amó.
El hombre espera
la ráfaga de silencio
que consuele al gesto
del último deseo sin cumplir.

Cuatro poemas de Gabriel Alejo Jacovkis

Estos cuatro poemas tienen algo en común: de alguna manera hablan sobre el misterio de la palabra.

La vecina coja

Saludo a la anciana vecina coja.
Sé que siempre será bella.
El mango del bastón
se encoge a cada paso.
Intuimos el dolor.
La única hoja que queda del otoño
baila en la calle
la danza de las mujeres solas.
Un cielo sin nubes
remeda su tristeza.
Los días han dejado de brillar.

Pedazos

 

Ese leño con la huella
de lo que fue una brasa;
ese espejo fatigado
de repetir el llanto
y la sonrisa;
esa botella que imagina
que es la que apaga la sed;
ese dolor
en el costado del hijo;
esa alegría del padre
que vuelve y empapa al abuelo;
ese poema muerto
en la hoja blanca;
esa letra perdida
en la oscura tormenta del bosque;
ese acorde que nunca
volvió a decir la guitarra;
ese cincel que abandonó la rama
y ese lápiz que dibuja un horizonte
son los pedazos de un yo que camina
en la última tarde del otoño.

Abrir esa puerta
que da paso a la sombra
mientras se tejen los dolores
en la apenas luz del otoño.
Imposible escribir el bramido
del lobizón que lucha contra su piel
o el roce de sedas perfumadas
cuando el olvido cubre las letras.
Mañana sentiremos el aroma
del pan recién horneado
pese a la cizaña
que crece a la vera del trigo.