El orden del viajero

El tren curva un acero
que arropa peldaños de sueño.
El viajero dijo saber
el orden de las ideas
y el arco iris de la brisa
aunque las bocas hablen
en la voz de otros.
Ahora el cristal es negro
y el ruido trocea las palabras.
Vendrá la luz inquieta
cuando el árbol sea un vértigo
y el ojo baile
la danza de los duendes.

Anuncios

Imposible escribir un poema surrealista

Intento escribir
un poema surrealista
pero las lagartijas
ya no dictan palabras
en los bosques redondos.
La habitación del armonio
esconde los maullidos
del sueño violeta.
El tren se detuvo
en la anteúltima estación
donde la cortina baila
un viento de almendros.
Incontables motivos
me impiden escribir
el poema surrealista.

La vecina coja

Saludo a la anciana vecina coja.
Sé que siempre será bella.
El mango del bastón
se encoge a cada paso.
Intuimos el dolor.
La única hoja que queda del otoño
baila en la calle
la danza de las mujeres solas.
Un cielo sin nubes
remeda su tristeza.
Los días han dejado de brillar.

Lo único certero

Para mi querida amiga Silvia Cuevas-Morales,
sólo por contradecirla.

“Debe ser verdad lo que dicen,
la única certeza
está al final del camino”.
Silvia Cuevas-Morales

Jamás serás lo certero.
No he tenido
el displacer de conocerte.
Conozco en cambio el camino
la pena, el odio,
el amor y la alegría.
También la acidez de estómago.
Todo eso que llaman vida
y que he recorrido hasta cansarme.
He intimado con ella,
con ella he ido y he vuelto,
he tallado pasiones,
he dibujado fronteras
y luego las he borrado.
He sufrido el dolor
que provoca en mi rodilla,
en mi alma y mi riñón.
Es por eso que soy un convencido
de que ella sí es certera.
Tan certera como la fatiga,
los anteojos rotos
y el agujero en la media
por donde asoma, si quiere,
el dedo gordo.
Sin embargo
a ti nunca te he visto.
No he mordido tus garras
ni he sangrado por tus heridas.
No me has anidado
ni parido
ni gestado.
Ni siquiera he podido comprobar
que sepas sonarte los mocos.
Si te acercas más
y quieres sorprenderme
me encontrarás vivo y aquí.
Pero si te haces certera
ya no estaré para comprobarlo.
Jamás podrás
convencerme de que existes.

Los ojos de un niño

Persiguen mis andares
los ojos del único niño
que sabrá de mi muerte
cuando ella los cierre.
En mi quimera
buscan sobrevivientes de la mudanza,
juguetes, cuentos, muñecos,
presienten el abandono
cuando los años suben,
se pierden en mis penas,
se arropan en mis canas.
Sufro el tormento de la ausencia
al ver su brillo en esa nada
en la que el recuerdo
se empeña en dibujarlos.

Con un fervor de poetas

Con un fervor de poetas
dice que construye la pared
con ladrillos que son huellas
de un pasado que no cree recordar.

Con una ansiedad de adolescentes
recorre olores y tactos
y no cierra
la puerta de una dicha
que a veces entra ciega
y otras sale sin mirar.

Con un temor de ancianos
camina ideas en el lodo.
El fervor fatiga la espera,
el marco muere tras el ladrillo
y la huella sólo se deja pensar.