Libertad

Decir muro y caer
la espera del viejo,
eslabón tras eslabón,
en la orfandad del otoño.

Decir tiempo y nacer
la víscera al abrigo
del nido. Y el pan
cuando sangra en el hueco.

Decir aire y volar
la pluma entre la herrumbre
y la reja que el canto
del jilguero mata.

Decir grito y dejar
la herida abierta
al verso oculto
en la boca de hambre.

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Campesino

El hombre empuña
un manojo de verbos vírgenes
cuando el campo llama
a la reja y el dental.
Mira con ojos de otoño
la gleba que perdura
desafiando a la gota.
Recuerda el refugio del árbol
y la muerte del potro
bajo el fulgor que acabó con la noche.
Anhela la palabra que diga
ese dolor en la imagen
de una mujer que lo amó.
El hombre espera
la ráfaga de silencio
que consuele al gesto
del último deseo sin cumplir.

Nunca son fáciles los exilios. Pero el que está cruzando el Mediterráneo desde hace años es el sinónimo del horror. Un horror que Europa se niega a ver. Estos poemas fueron escritos con la necesidad de describir algo de ese drama. Ojalá ayudaran a difundir lo que Europa ignora. Está a punto de salir de la imprenta. La presentación es el 7 de diciembre en Voces del Extremo de Bilbao

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No es la noche

No es la noche,
no.
Es un día que se agota
cuando caen las amapolas negras.
La huella que naufraga
tras la sombra de un roble.
Una mirada que acerca la línea
cuando el océano arde.
La magia.
El silencio en el volar del águila.
La suave indolencia del caracol.
No es la noche.
Todavía.

Cuatro poemas de Gabriel Alejo Jacovkis

Estos cuatro poemas tienen algo en común: de alguna manera hablan sobre el misterio de la palabra.

Ellas

Eran bellas
caminaban lentamente
escribían la poesía del ocaso
hablaban con la suavidad de las manzanas
amaban a seres que crecían en sus versos
cazaban ilusiones entre espigas de lavanda
enseñaban a enseñar
inventaban números
creaban artes
y a veces
también morían