Semblanza

Quise navegar
la hora que en el iris se refleja.
Ignoré los surcos que separan las historias
y perdí la fuerza que nunca conocí
mientras ardía el no saber en mis preguntas.
Naufragó el timón antes que la vela
y el rumbo murió entre algas rojas.
A veces las mañanas
intentan darle vida
a los mismos deseos que ayer tuve.
Dejaré en esa caja de torpes pensamientos
el recuerdo del hombre y la mujer ausentes
que mostraron su vida al brote incierto
tendido en el agua de otros mares.

Naufragio

No es posible
que me siente a mirar el naufragio
como si no estuviera
en la barca que me acuna.
Estoy y estuve
y vi hundirse también
la belleza del recuerdo.
Los restos que navegan
dispersos
no mantienen a flote la esperanza.
Sólo el áncora ha quedado
entera y sin moverse
en el fondo de ese océano
del que huye el sol.

Oboe

La nota en la lágrima.
El tren se aleja
y hay un aire frío de otoño.
Dice el oboe
la tristeza que abrasa.
Y nosotros desnudos,
quietos,
desahuciados.
Ya no hay tren,
el aire insiste
y la nota aún es un recuerdo que perdura.
Todavía la oiremos cuando vuelva
esa primavera que quisimos
y alguien nos diga
que el tren ha regresado.

Musa

Te esperé
sentado ante un montón de hojas en blanco
y la botella
medio vacía a veces
y otras medio llena.
Pensé que traerías
un hallazgo entre las letras torturadas,
versos con el recuerdo
de la mujer que no supe amar,
el llanto en el alcohol cuando se vuelve poema
y la canción de un juglar.
Llegaste de la mano
del sueño, la soledad
y el oscuro reflejo de la nada.
Como siempre.

Los ojos de un niño

Persiguen mis andares
los ojos del único niño
que sabrá de mi muerte
cuando ella los cierre.
En mi quimera
buscan sobrevivientes de la mudanza,
juguetes, cuentos, muñecos,
presienten el abandono
cuando los años suben,
se pierden en mis penas,
se arropan en mis canas.
Sufro el tormento de la ausencia
al ver su brillo en esa nada
en la que el recuerdo
se empeña en dibujarlos.

El final del poema

Allí donde aún flota su perfume
pasan las horas de un poema
que espera en silencio el verso final.
Ella cantaba la canción de un trovador
que murió con la sombra de la acacia.
Cansados del camino
sus pies jugaban a ser alas de calandria
y las manos rozaban alboradas.
Hoy son otros
los ojos que acarician su mirada
y por el puente
se desliza su esbozo hacia el recuerdo.