Aquelarre

El ojo muerto
busca su cadáver
en las calzadas del aquelarre.
Sobre el tejado
el desorden de las luces
espera la sortija del muñón.
Las piernas marchitas en las criptas
no sueñan con las sillas
abrazadas a la soledad del hueco.
Aun así el baile está por comenzar
y las vírgenes exhiben su ignorancia
al final de una historia que no llega.
No hay más lugar para muertos
en la fiesta que consume sus entrañas.

La soledad del cielo

El infinito ata sus bueyes al vacío dscn2797
y el trabajo de las ventanas
mata a los pájaros en vuelo.
No hay nubes ni vilanos,
no hay otoño.
La piedra se curva en el azul
y enmarca el deseo
de acompañar lo que se fue
tras el inmenso atardecer.
La soledad se ha teñido
de la inútil esperanza de verlos volar.

 

La frase

 

Meses antes, tal vez años
algo se dice en el bar,
en la cama DSCN2798b
o en la pared.
Una sonrisa pinta la frase
que se hamaca
como un pétalo en la brisa,
un pétalo amarillo
ya agrio cuando ha caído
meses después, tal vez años.
Para entonces la puerta está cerrada
y hasta la soledad es falsa.
Las palabras que sonaron bellas
caminan ahora cubiertas de sangre.

No nos olvidemos de ellos

Queridas amigas y queridos amigos,
Los gobiernos de Europa niegan refugio a miles de personas que huyen de la guerra. Las únicas manos que se les tienden, las únicas sonrisas, los únicos alimentos, se los brindan ese puñado ejemplar de voluntarios que desesperadamente intentan mitigar el dolor de la soledad, la ausencia, la distancia, el hambre.

A todos ellos, abandonados y solidarios dedico este pequeño poemario que he llamado “De la ignominia”. Os lo podéis descargar libremente en: https://paramiuncortado.wordpress.com/de-la-ignominia/.
Os pido que si os interesa lo compartáis.

Sola

Cierra los ojos
y en la sombra de su interior callado
sus pasos caminan la exquisita soledad.
Y vive esa otra vida,
suave,
sin amantes que traicionan,
sin pozos de pasión abrupta,
sin rencores añejados en cubas oxidadas,
sin resacas agrias,
sin sed ni sequía.
Habrá en su boca una sonrisa
cuando el café con su perfumado oscuro
complete el despertar en la cocina.
Y ella estará sola
leyendo el libro mudo.

Tu soledad

A mamá

El temor de extrañar por rutina
me asalta en los rincones
de los recuerdos que navegan.
Bajo la lluvia porteña
tu ausencia es un gigante
que devora costaneras.
No sé para qué visito
los lugares de tu historia
si yacen inundados de silencio.
Comparezco ante jueces que murieron
después de olvidar las leyes
mientras vos las exhumabas
cuando la demencia mordía tus vigilias.
Demasiada soledad
para tu melancolía.

El ancla

Una tarde
mientras sus pasos
se duelen en la búsqueda
y la soledad parece
ser la reina en el abismo,
reconoce una cara
recortada en el bullicio del bar.
El pequeño gesto
que no llega a la sonrisa
es un ancla insospechada,
volver a una huella que ha pisado,
el sello de un destino en otra tierra
que así, sin darse cuenta,
va aprendiendo a amar.