La talla

No pude escribir
la fuerza de la astilla,
el dolor de la forma,
la tersura del tronco.
Fue entonces
cuando en mi mano
la gubia intentó ser lápiz.

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Para poder ser

Aún no es
y ya cree en su futuro.
El ojo está
pero no mira.
La astilla señala
el sitio de unas cejas.
La veta morirá
en la turgencia de la boca.
El sexo se presiente
entre dos ramas.
Aún no es
y confía en la mano
que roce el torso suave
nacido de una albura sin pulir.

En la penumbra
el resto de un oscuro olivo
espera la caricia del cincel.

 

Del poemario “El libro y el poeta”