La mancha

Avanza la mancha
sobre un riesgo de serpientes
Las semanas ya no mueren
a las veinte horas
de cada domingo
Ahora es el tiempo
de un aliento de alimoches
y de soles rehenes en zarpas agrias
En los sepulcros
sólo triunfan los relojes.

Libertad

Decir muro y caer
la espera del viejo,
eslabón tras eslabón,
en la orfandad del otoño.

Decir tiempo y nacer
la víscera al abrigo
del nido. Y el pan
cuando sangra en el hueco.

Decir aire y volar
la pluma entre la herrumbre
y la reja que el canto
del jilguero mata.

Decir grito y dejar
la herida abierta
al verso oculto
en la boca de hambre.

Motivos

Tal vez viva porque no sé morir.
Sólo por eso. O también
por ver crecer al raso
el límite entre el céfiro y el agua,
el invierno y la ternura.
Y por creer en la pequeña huella
que deja cada noche el ruiseñor
y que intento silbar amanecido.
Y por el color del arce
cuando muerde el adiós
y dibuja las manos que se abren.
Volvamos al principio: no sé morir.
Ignoro el pecado
y acaricio tus soles
en el tiempo que nos deja la penumbra.

La frase

 

Meses antes, tal vez años
algo se dice en el bar,
en la cama DSCN2798b
o en la pared.
Una sonrisa pinta la frase
que se hamaca
como un pétalo en la brisa,
un pétalo amarillo
ya agrio cuando ha caído
meses después, tal vez años.
Para entonces la puerta está cerrada
y hasta la soledad es falsa.
Las palabras que sonaron bellas
caminan ahora cubiertas de sangre.

Desembarco

Buscar la farola
fue el gesto que consumía el tiempo.
La noche en la ciudad extraña
hablaba un idioma sin recuerdos.
Sin embargo
hubo el empedrado
que rompía las ruedas de los carros
y el puerto abrió su olor
al tugurio donde ahora
acude el desmayo del borracho.
Nunca volví a ver
al marinero ciego
que dijo adiós a la última gaviota.
Hoy toca ir hacia otro sur
y aprender el sabor de la distancia.
Rozar el cabo que se afirma en tierra.
Dibujar el verbo.
Aferrar la multitud de memorias
que agonizan tras el abandono.

Lo que no se ve

Pasan sin cesar,
unas con la rapidez de la alegría,
otras con la pesada lentitud
del tedio o la tristeza.
Siempre iguales,
con la misma cantidad
de pasos, latidos y suspiros.
Pero yo
dejo de ser quien soy cada segundo.
Mis ojos miran el reloj
y son otros cada vez que lo vigilan.
Minuto a minuto
ellas pasan
iguales a sus sombras,
impasibles, frías,
sin temor al infinito,
a lo eterno, a lo incontable.

Soldados del tiempo
son el ahora muerto.