El orden del viajero

El tren curva un acero
que arropa peldaños de sueño.
El viajero dijo saber
el orden de las ideas
y el arco iris de la brisa
aunque las bocas hablen
en la voz de otros.
Ahora el cristal es negro
y el ruido trocea las palabras.
Vendrá la luz inquieta
cuando el árbol sea un vértigo
y el ojo baile
la danza de los duendes.

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Imposible escribir un poema surrealista

Intento escribir
un poema surrealista
pero las lagartijas
ya no dictan palabras
en los bosques redondos.
La habitación del armonio
esconde los maullidos
del sueño violeta.
El tren se detuvo
en la anteúltima estación
donde la cortina baila
un viento de almendros.
Incontables motivos
me impiden escribir
el poema surrealista.

El músico del tren

La nota busca la caricia
de alguien que la intuya
en el vagón amodorrado.
A dúo con la rueda
que pule la vía
el arco se empecina en evocar
un prado lejano,
un baile,
una pasión.
La romanza llega
rallentando a la estación.
Alguna moneda habrá
que no alcance a pagar
la distante nostalgia
de ese tono menor.

El consuelo

Aunque un día evoques
los poemas que las manos dibujaban en el aire
o el paseo al amparo de una orilla
o aquel vino que reímos inconscientes.

Aunque en alguna siesta amodorrada
abras el cajón donde duerme tu cuaderno
y encuentres la huella
de los senderos olvidados.

Aunque en tu tranquilo atardecer
yo te sonría desde el árbol-casa
y el pan se hornee con pausa pueblerina
y beses la mano que escribió la carta.

Aunque el tren te anuncie
la llegada a la estación lejana
que entonces guardaba
esbozos de esperanzas y futuros.

Aunque yo pase a ser
un amable despojo en tus memorias
tal vez no te haga daño mi recuerdo
por que nunca sabrás cuánto te quise.